Por qué hacer ejercicio antes de tu cirugía puede cambiar completamente tu recuperación

La mayoría de mis pacientes me preguntan qué deben dejar de hacer antes de una cirugía. Pocos me preguntan qué deben empezar a hacer. Y la respuesta, respaldada por una creciente evidencia científica, es clara: entrenar.

El ejercicio físico de fuerza y de alta intensidad, realizado de forma progresiva en las semanas previas a una cirugía, tiene un impacto profundo en cómo tu cuerpo enfrenta el trauma quirúrgico, maneja el dolor, responde a la pérdida de sangre y recupera su normalidad. Esto aplica para cualquier procedimiento, pero es especialmente relevante en cirugias como la lipoaspiración, donde el resultado final depende en gran medida de la calidad del tejido, la capacidad de retracción de la piel y la eficiencia del sistema linfático.

El concepto que está revolucionando la cirugía: la prehabilitación

Durante años, la medicina se enfocó en la rehabilitación: recuperarse después de operar. Hoy, la evidencia apunta con fuerza hacia la prehabilitación: optimizar la condición física del paciente antes de la cirugía para que llegue al pabellón en el mejor estado posible.

Un estudio publicado en British Journal of Anaesthesia (Gillis et al., 2014) demostró que pacientes sometidos a programas de prehabilitación multimodal —que incluían ejercicio aeróbico y de fuerza— se recuperaron significativamente más rápido que el grupo control, con menor tasa de complicaciones y retorno más temprano a sus actividades normales. Este modelo es hoy parte de los protocolos ERAS (Enhanced Recovery After Surgery), adoptados globalmente por los principales centros quirúrgicos del mundo.

1. Ejercicio y tolerancia al dolor: más que fuerza de voluntad

El umbral de dolor no es fijo. El ejercicio físico regular, especialmente el de alta intensidad (HIIT), activa mecanismos neurofisiológicos concretos que elevan la tolerancia al dolor de forma objetiva y medible.

Cuando entrenas, tu cuerpo libera beta-endorfinas, encefalinas y anandamida —el sistema opioide y endocannabinoide endógeno—, que modulan la señal dolorosa a nivel central y periférico. Además, el ejercicio regular reduce la sensibilización central al dolor, un fenómeno en el que el sistema nervioso amplifica las señales dolorosas de forma desproporcionada (Naugle et al., 2012, Journal of Pain).

En la práctica clínica, esto se traduce en pacientes que requieren menor cantidad de analgésicos en el postoperatorio, lo que a su vez reduce efectos adversos como náuseas, constipación y sedación excesiva, facilitando una movilización más temprana y una recuperación más limpia.

2. Ejercicio y anemia: preparar la sangre para el estrés quirúrgico

Toda cirugía implica algún grado de pérdida de sangre. En el caso de la lipoaspiración, especialmente cuando se trabajan grandes volúmenes, el manejo hemático es un punto crítico del procedimiento.

El ejercicio aeróbico sostenido estimula la producción de eritropoyetina (EPO) endógena, la hormona que ordena al organismo fabricar más glóbulos rojos. Un programa de entrenamiento de 4 a 8 semanas previo a una cirugía puede elevar de forma significativa la concentración de hemoglobina y hematocrito, generando una reserva eritrocitaria que amortigua la pérdida perioperatoria.

Adicionalmente, el ejercicio mejora la eficiencia de utilización del oxígeno a nivel tisular —medida como VO₂máx— lo que significa que cada glóbulo rojo trabaja mejor. Estudios en cirugía ortopédica mayor han demostrado que por cada 1 mL/kg/min de aumento en VO₂máx preoperatorio, el riesgo de complicaciones cardiopulmonares desciende de forma significativa (Older et al., 1999, Chest).

Para pacientes con hemoglobina al límite inferior de lo normal, la prehabilitación aeróbica combinada con un aporte adecuado de hierro y proteína puede marcar la diferencia entre una cirugía programada y una postergada por anemia.

3. Ejercicio y deshidratación: un sistema más robusto

Los atletas y personas que entrenan regularmente presentan una expansión crónica del volumen plasmático: su compartimento vascular es proporcionalmente mayor. Este fenómeno tiene consecuencias directas en el contexto quirúrgico:

  • Mayor tolerancia a las pérdidas de líquido durante la cirugía.
  • Mejor estabilidad hemodinámica durante la anestesia.
  • Recuperación más eficiente del balance hídrico en el postoperatorio.

Además, el entrenamiento mejora la función renal de conservación hídrica y la sensibilidad a la hormona antidiurética (ADH), optimizando la capacidad del organismo de regular su balance de líquidos ante situaciones de estrés (Moran et al., 2011, Sports Medicine).

En una lipoaspiración, donde se manejan soluciones de tumescencia y se producen desplazamientos importantes de líquidos, llegar con un sistema cardiovascular entrenado es una ventaja clínica real.

4. Ejercicio de fuerza y lipoaspiración: el resultado que se ve

Hay un aspecto del ejercicio previo a la lipoaspiración que mis pacientes no siempre consideran, y es uno de los más importantes desde el punto de vista estético: la calidad del tejido sobre el que operamos.

La lipoaspiración no es solo extracción de grasa. Es un procedimiento de remodelación corporal cuyo resultado final depende, en buena medida, de la capacidad de la piel para retraerse y adaptarse al nuevo contorno. El entrenamiento de fuerza aumenta la masa muscular, lo que:

  • Genera un mejor “soporte estructural” bajo la piel, mejorando el contorno final.
  • Estimula la síntesis de colágeno dérmico (vía IGF-1 y mTOR).
  • Mejora la circulación local y el drenaje linfático, reduciendo el edema postoperatorio.
  • Acelera la reabsorción del líquido inflamatorio en el tejido operado.

El resultado no solo se logra en el pabellón: se construye en el gimnasio.

¿Qué tipo de ejercicio y cuánto tiempo antes?

Lo ideal es comenzar entre 4 y 8 semanas antes de la cirugía, con una frecuencia de 3 a 5 sesiones semanales:

  • Entrenamiento de fuerza (2-3 veces/semana): trabajo con cargas moderadas a intensas, grandes grupos musculares.
  • HIIT o cardio de alta intensidad (1-2 veces/semana): intervalos de 20-40 segundos de esfuerzo máximo alternados con recuperación. Protocolo Tabata, circuitos funcionales o spinning. Duración de 20-30 minutos es suficiente.
  • Caminata activa diaria: 7.000 a 10.000 pasos como base mínima de actividad.

Importante: el ejercicio debe suspenderse 48-72 horas antes de la cirugía para que el cuerpo llegue descansado y sin microtraumatismos musculares activos.

Para apoyar la recuperación muscular durante este período de entrenamiento, el aporte proteíco es crítico. Un batido de proteína de alta calidad post-entrenamiento ayuda a preservar la masa muscular ganada y a mantener los depósitos de aminoácidos que el cuerpo necesitará durante la cirugía y el postoperatorio.

¿Y si nunca he hecho ejercicio?

No es necesario tener años de entrenamiento previo. Incluso 3 a 4 semanas de actividad física consistente producen adaptaciones fisiológicas medibles: mejora del VO₂máx, elevación de hemoglobina, expansión del volumen plasmático y aumento del tono muscular basal. Mi recomendación es comenzar con caminata activa y ejercicios de fuerza con peso corporal (sentadillas, lunges, fondos, planchas), progresar gradualmente e ir sumando carga.

Conclusión

El quirofáno es solo una parte de la ecuación. La otra parte eres tú, y la preparación que hagas en las semanas previas puede determinar si tu recuperación dura 3 semanas o 6, si necesitas más analgésicos o menos, si el edema se va rápido o persiste meses, si la piel se retrae bien o queda laxa.

El ejercicio de fuerza y el entrenamiento de alta intensidad no son lujos de deportistas. Son herramientas médicas que, combinadas con una nutrición adecuada y un equipo quirúrgico de calidad, maximizan tu resultado y minimizan tus riesgos.

Si quieres saber cómo diseñar tu plan de prehabilitación específico para tu cirugía, agenda una consulta. Es parte del cuidado que mereces.

Referencias bibliográficas

  1. Gillis C et al. Prehabilitation versus rehabilitation: a randomized control trial in patients undergoing colorectal resection for cancer. Anesthesiology. 2014;121(5):937-947.
  2. Naugle KM, Fillingim RB, Riley JL. A meta-analytic review of the hypoalgesic effects of exercise. Journal of Pain. 2012;13(12):1139-1150.
  3. Older P et al. Cardiopulmonary exercise testing as a screening test for perioperative management of major surgery in the elderly. Chest. 1999;116(2):355-362.
  4. Moran DS et al. Hydration and physical performance. Sports Medicine. 2011;41(7):577-601.
  5. Minnella EM et al. Effect of exercise and nutrition prehabilitation on functional capacity in esophagogastric cancer surgery. JAMA Surgery. 2018;153(12):1081-1089.
  6. Pedersen BK, Saltin B. Exercise as medicine: evidence for prescribing exercise as therapy in 26 different chronic diseases. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports. 2015;25(S3):1-72.

Dr. Andrés Ordenes | Cirujano Plástico y Reconstructivo | AO Centro de Cirugía Plástica, Viña del Mar

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